Los Barnabitas


LOS CLÉRIGOS REGULARES

Es una nueva forma de vida apostólica y religiosa nacida en la Iglesia en 1500. Se remite a los mismos discípulos de Cristo, los cuales, para responder a la llamada del Divino Maestro, se comprometieron a llevar una vida de renuncia de los bienes terrenos y del amor humano y profesaron una total disponibilidad para servir a la Iglesia.

Bajo el ejemplo de los Grandes Padres de la antigüedad, entre los que destaca San Agustín, al compromiso ascético, cada vez más orientado hacia la pobreza, castidad y obediencia, se añade la Vida Común, que es asumida por los clérigos con el fin de recibir ayuda espiritual y apostólica.

Este ideal, que se mantuvo vivo y actualizado a lo largo de los siglos, se propone de nuevo por un movimiento espiritual que se llamó la “Devotio Moderna”. La Iglesia, con el Concilio de Trento, inició un profunda Reforma, que fue posible gracias al surgimiento de las Ordenes de Clérigos Regulares, entre las que está nuestra Orden.

Los Clérigos regulares, por lo tanto, son Sacerdotes que desean vivificar su sacerdocio con la profesión de los votos y de la Vida Común, y, al mismo tiempo, religiosos que garantizan y estimulan su ansia de perfección y de servicio a las almas, abrazando el sacerdocio.

LA NUEVA ORDEN

SAN ANTONIO - FEBREROLa Orden de los Clérigos Regulares de San Pablo, fundada en Milán el año 1530 por S. Antonio María Zaccaría en unión con los venerables Jaime A. Morigia y Bartolomé Ferrari, nobles milaneses, para la reforma del clero y del pueblo a fin de poner freno a la invasora reforma luterana, y aprobada por Breve (Documento Pontificio) del 18 febrero de 1533 por Clemente VII con el nombre de Clérigos Regulares de San Pablo Degollado (Clerici Regulares Sancti Pauli Decollati); el nombre de Barnabitas les viene como apodo de la iglesia de S. Bemabé en Milán.

El programa quedó consignado en la Primera Carta a los cofundadores: «Pongamos, pues, mano a la obra… y echemos a correr como locos no sólo hacia Dios sino también hacia el prójimo». La vida religiosa está en función del apostolado como un medio de santificación. Crucifijo en la mano, los primeros barnabitas salen a las calles y plazas para predicar más con el ejemplo de rigurosas penitencias que con sus palabras. Lombardía y Véneto son su primer campo de acción: en la reforma de conventos y reformatorios femeninos cooperan las Hermanas Angélicas, fundadas para este objetivo por el mismo Antonio M. Zaccaria.

Su modelo es San Pablo del cual renuevan vigor y empuje apostólico; sus armas, el crucifijo y la Eucaristía en cuyo honor difunden el jubileo de las Cuarenta Horas instituido por el Fundador; su característica, la disponibilidad al servicio de los obispos.


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